Este lunes, la Asamblea General de la ONU convocó una conferencia ministerial que reafirmó un fuerte apoyo a la solución de dos Estados como única vía para resolver el prolongado conflicto entre Israel y Palestina, que ya lleva más de 70 años. La reunión, sin embargo, fue boicoteada por Estados Unidos e Israel, quienes no participaron en la sesión.

El canciller de Francia, Jean-Noël Barrot, destacó que, tras casi dos años de guerra entre Israel y Hamás en Gaza, la única forma de responder a las legítimas aspiraciones de paz y seguridad de israelíes y palestinos es una solución política de dos Estados. «No hay alternativa», afirmó Barrot, subrayando la necesidad de establecer una visión común para la posguerra en Gaza, sin la cual sería imposible lograr un alto al fuego duradero.

La conferencia fue presidida por Francia, con el apoyo de Arabia Saudita, y se dio cuatro días después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, anunciara que su país reconocerá formalmente al Estado palestino en la próxima Asamblea General de la ONU en septiembre. Algunos otros países, como Luxemburgo, insinuaron que seguirían el ejemplo de Francia.

Actualmente, 142 de los 193 miembros de la ONU han reconocido al Estado palestino proclamado en 1988. Sin embargo, ni Estados Unidos ni Israel participaron en la reunión. El Departamento de Estado de EE. UU. calificó el encuentro como un «ardid publicitario» que dificultará la búsqueda de paz y podría «recompensar al terrorismo». Desde Israel, su embajador ante la ONU, Danny Danon, declaró que la reunión no promovía una solución real al conflicto.

Por su parte, el canciller saudí, príncipe Faisal bin Farhan, se mostró confiado en que la administración estadounidense, bajo el liderazgo de Donald Trump, podría ser un «catalizador» para poner fin a la crisis inmediata en Gaza y ayudar a resolver el conflicto palestino-israelí a largo plazo. Aseguró que la creación de un Estado palestino independiente es esencial para la paz en la región, y añadió que es una condición para la normalización de relaciones entre su país e Israel.

El canciller español, José Manuel Albares, también expresó su apoyo, señalando que tanto israelíes como palestinos «tienen derecho a un futuro en seguridad y paz».

No obstante, el contexto actual plantea serias dificultades para alcanzar una solución de dos Estados. La guerra en Gaza, que comenzó tras un ataque sin precedentes de Hamás contra Israel, ha dejado decenas de miles de muertos y una infraestructura devastada. Además, la continua expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania y las declaraciones de funcionarios israelíes sobre la anexión de territorios ocupados complican aún más la viabilidad de un Estado palestino.

El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la solución de dos Estados está «más lejos que nunca». Llamó a detener la «anexión insidiosa» de Cisjordania y la destrucción masiva de Gaza, instando a que las acciones unilaterales puedan socavar para siempre la posibilidad de una solución de dos Estados.

La conferencia también abordó temas clave como la reforma de la gobernanza de la Autoridad Palestina, el desarme de Hamás, y la exclusión de este movimiento islamista del gobierno palestino. El primer ministro palestino, Mohammad Mustafa, instó a Hamás a entregar las armas y el control de Gaza a la Autoridad Palestina, que gobierna Cisjordania. También pidió a Israel la retirada «completa» del territorio palestino.

Mustafa subrayó que el Estado de Palestina está dispuesto a «asumir la plena responsabilidad» de la seguridad y el gobierno en Gaza, con el respaldo árabe e internacional.

A pesar de las propuestas de solución y los esfuerzos diplomáticos, la presión internacional recae principalmente sobre Israel para poner fin a la guerra, que comenzó con los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023. La situación en Gaza sigue siendo devastadora, con informes de hambre generalizada y una creciente crisis humanitaria. Organizaciones de derechos humanos, como B’Tselem y Médicos por los Derechos Humanos, han acusado a Israel de cometer un «genocidio» en Gaza, aumentando las tensiones y complicando aún más los esfuerzos por lograr una paz duradera.

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