La alianza informal entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el magnate tecnológico Elon Musk ha llegado a un punto de quiebre tras semanas de roces públicos y diferencias marcadas en torno a temas migratorios, libertad de expresión en redes sociales y contratos con el Gobierno federal.
False, this bill was never shown to me even once and was passed in the dead of night so fast that almost no one in Congress could even read it! https://t.co/V4ztekqd4g
— Elon Musk (@elonmusk) June 5, 2025
El distanciamiento se hizo evidente luego de que Musk criticara abiertamente las nuevas restricciones migratorias impuestas por la administración Trump, calificándolas como «dañinas para la innovación y el ecosistema emprendedor estadounidense». En respuesta, el presidente arremetió contra el CEO de X (antes Twitter) y Tesla, acusándolo de «traicionar al país que lo ayudó a construir su imperio».
Durante los primeros meses del nuevo mandato de Trump, ambos se mostraron en sintonía: Musk fue un defensor activo del retorno del expresidente a la Casa Blanca, incluso reactivando su cuenta en X y elogiando sus posturas económicas. Sin embargo, la luna de miel no duró mucho.
“Apoyé al presidente Trump con la esperanza de ver un entorno favorable para la tecnología y la libre empresa. Pero restringir la entrada de talentos globales y presionar por controles digitales extremos no es el camino”, escribió Musk en su cuenta personal.
Fuentes cercanas al gobierno confirmaron que la administración ha comenzado a revisar los contratos federales con SpaceX y Tesla Energy, lo que ha generado preocupaciones en Wall Street por posibles impactos en proyectos clave, como el programa Artemis de la NASA y el despliegue de infraestructura energética.
Por su parte, Trump, en un evento reciente en Florida, lanzó duras críticas contra el empresario sudafricano: “Elon Musk debería preocuparse menos por defender extranjeros ilegales y más por construir cohetes que funcionen. No necesitamos millonarios woke dictando nuestras políticas”.
Este conflicto marca una nueva fase en la relación entre la Casa Blanca y el sector tecnológico. Mientras Musk insiste en que no busca confrontación sino “principios claros y coherentes”, desde la administración ya se habla de buscar “nuevos socios estratégicos” menos inclinados a desafiar públicamente al presidente.
Analistas políticos consideran que esta ruptura podría tener consecuencias de largo alcance, tanto en la agenda legislativa de Trump como en la expansión de empresas tecnológicas dentro y fuera de EE. UU.