Ante esto, el impacto directo lo sintieron los hogares con el aumento del costo de la vida, en particular de la canasta básica alimentaria que, según los datos oficiales, en 2023 cerró en su precio más alto de la historia: $240.37 en la zona urbana y $181.54 en la rural.
El informe del BID señala que el 14 % de los hogares salvadoreños en 2022 tenía ingresos inferiores al costo de la canasta básica alimentaria, el doble desde el 6 % que se registró en 2019.
Además, los hogares dirigidos por mujeres son los que más precariedad enfrentan, un 15 % no tiene suficientes ingresos para comprar los alimentos, mientras ese porcentaje baja a 13 % para las familias bajo la responsabilidad de hombres.
“Las mujeres que laboran en agricultura son todavía más vulnerables a caer en pobreza tras un choque económico, dada su menor productividad, resultado de un menor acceso a propiedad de tierras, financiamiento y asistencia técnica”, señala el reporte.