Cuba enfrenta una profunda crisis energética tras varios meses sin suministro regular de combustible, situación que ha paralizado actividades económicas y afectado el funcionamiento del país.
La escasez ha impactado desde pequeños negocios hasta sectores estratégicos, con menor circulación de transporte, cierres de establecimientos y suspensión de operaciones en distintas industrias. Según proyecciones del Economist Intelligence Unit, la economía cubana podría contraerse más de un 7 % este año, acumulando una caída superior al 15 % del PIB desde 2020.
El principal problema se concentra en el sistema eléctrico, limitado por la falta de diésel y fueloil para la generación. Los apagones se han intensificado, con cortes de hasta 15 horas diarias en La Habana y de hasta dos días en otras zonas.
El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó que desde enero no ha ingresado combustible al país, lo que ha reducido significativamente la capacidad energética nacional.
Aunque han llegado pequeñas cantidades destinadas al sector privado, expertos advierten que son insuficientes frente a la demanda. La crisis también afecta el transporte y el abastecimiento, con restricciones en gasolineras y altos precios en el mercado informal, agravando la situación económica de la población.