Perseverancia, visión y raíces que impulsan el desarrollo desde la diáspora
Por Jilson Rodríguez , Director de ITV El Salvador
San Salvador. La historia de Dimas Escobar es una de esas narrativas que definen el verdadero significado del sueño americano, pero también del compromiso con la tierra que lo vio nacer. Su participación en el foro “Talento humano salvadoreño en el exterior” dejó una huella marcada por la humildad, el esfuerzo y una firme decisión: invertir en El Salvador.
De limpiar pescado a ser dueño del negocio
La historia de Escobar comienza en Brentwood, Long Island, Nueva York, en una época donde la presencia latina era limitada. Sus primeros pasos los dio como empleado en una pescadería, realizando una de las tareas más duras: limpiar pescado para filetearlo.
Con disciplina y observación, empezó a destacar. Fue entonces cuando detectó una oportunidad que cambiaría su destino. Notó que las “cabezas” del pescado eran desechadas, y propuso al propietario venderlas por libra, ya que muchas personas las utilizaban para preparar sopas.
“Recuerdo que cuando llegué me tocaba limpiar pescado… y vi que tiraban las cabezas. Les dije que podían venderlas. Desde ahí el dueño comenzó a confiar en mí”, relató Escobar.
Esa iniciativa marcó el inicio de una relación de confianza que, años más tarde, se transformaría en una oportunidad única.
La oportunidad que cambió su vida
Tras años de trabajo, el propietario del negocio le hizo una propuesta inesperada: venderle el establecimiento. Aunque no contaba con el capital completo, Escobar recibió un voto de confianza.
El trato fue claro: pagaría una parte inicial y el resto en cuotas.
Así, el joven que comenzó limpiando pescado se convirtió en propietario del negocio que hoy es conocido como Que Rica Comida, un restaurante emblemático en Long Island especializado en mariscos y comida a la vista.
Un referente en la comunidad latina
Gracias a su carisma, atención al cliente y calidad en sus platillos, Qué Rica Comida se ha convertido en un punto de encuentro para la familia latina.
Clientes de distintas nacionalidades llegan diariamente para disfrutar de una mariscada, en un ambiente donde la cercanía y la amabilidad son parte esencial de la experiencia.
Escobar, un hombre de pocas palabras pero de acciones contundentes, ha sabido ganarse el respeto y cariño de sus clientes, consolidando su negocio como un referente gastronómico en la zona.
El regreso a sus raíces: inversión en El Salvador
Pero su historia no termina en Estados Unidos. Con el paso del tiempo, el empresario nunca dejó de pensar en El Salvador.
Motivado por el fruto de años de trabajo, decidió dar el siguiente paso: invertir en su país natal. Actualmente, junto a su familia, impulsa la construcción de dos torres de apartamentos en el departamento de La Unión, aportando directamente al desarrollo económico local.
Un mensaje de confianza en el país
Durante su intervención en el foro, Escobar destacó los cambios que ha experimentado El Salvador en los últimos años, especialmente en materia de seguridad y clima de inversión.
Aseguró que hoy existe una nueva realidad que genera confianza para quienes desean regresar e invertir.
En ese contexto, reconoció el liderazgo del presidente Nayib Bukele, señalando que la transformación del país ha sido clave para motivar a la diáspora.
Asimismo, agradeció al comisionado Salvador Gómez Góchez por impulsar iniciativas que conectan a los empresarios salvadoreños en el exterior con oportunidades en el país.
Un ejemplo que trasciende fronteras
La historia de Dimas Escobar es un testimonio de perseverancia, visión y compromiso. Desde una pescadería en Long Island hasta proyectos inmobiliarios en El Salvador, su recorrido demuestra que el esfuerzo constante puede abrir puertas inimaginables.
Hoy, su vida no solo representa éxito personal, sino también un aporte tangible al desarrollo de su país.
Un ejemplo claro de que el talento salvadoreño en el exterior no olvida sus raíces, sino que regresa para construir futuro.
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