El próximo presidente de Honduras asumirá un país con crecimiento económico moderado, elevada deuda pública y alta dependencia de remesas familiares, en un contexto de pobreza extendida y limitado acceso al empleo formal.

Según proyecciones del Banco Central, el PIB cerraría 2025 con un crecimiento entre 3.5 % y 4 %, impulsado principalmente por el sector financiero, aunque este dinamismo no genera suficientes empleos directos para mejorar la calidad de vida de la población, donde más del 60 % vive en condiciones de pobreza. La inflación se mantiene cerca del 5 %, parcialmente contenida por subsidios a combustibles y energía.

El sector privado señala desafíos estructurales como la inseguridad jurídica, déficit energético y baja competitividad. Las remesas sumaron más de $10,000 millones hasta octubre, representando aproximadamente el 27 % del PIB, mientras que la inversión extranjera directa apenas alcanzó $500.4 millones al segundo trimestre. La deuda pública supera los $18,000 millones, limitando el margen fiscal del Estado para inversión social.

Los candidatos presidenciales Rixi Moncada, Salvador Nasralla y Nasry Asfura presentan propuestas divergentes: Moncada apuesta por un Estado activo y reformas para reducir desigualdades; Nasralla prioriza inversión, infraestructura y empleo formal; y Asfura busca estabilidad fiscal, impulso agropecuario y proyectos de impacto inmediato, contando con el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El nuevo gobierno deberá enfrentar estos desafíos estructurales para traducir el crecimiento económico en mejoras tangibles para la población.

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