El próximo gobierno de Bolivia deberá enfrentar la peor crisis económica del país en cuatro décadas, según expertos, mientras los ciudadanos demandan soluciones inmediatas tanto en las calles como en el Parlamento.
Durante su campaña, el presidente electo Luis Fernando Paz prometió ajustar los presupuestos y reducir significativamente los subsidios a los combustibles, aunque aseguró que mantendrá apoyos para el transporte público y sectores críticos. La medida llega tras casi dos años de escasez de dólares y combustibles, que han provocado una inflación interanual del 23 % hasta septiembre.
Especialistas advierten que la estrategia gradualista de Paz podría enfrentar dificultades para obtener resultados rápidos, ya que los ajustes parciales podrían generar un efecto inverso al esperado. La politóloga Daniela Osorio Michel destacó que la paciencia de la población se está agotando, mientras Gabriela Keseberg agregó que el nuevo gobierno deberá actuar de inmediato para mantener la confianza ciudadana.
El panorama político también se presenta complejo. Ninguna bancada parlamentaria alcanza la mayoría absoluta: el Partido Demócrata Cristiano, del presidente electo, contará con 46 diputados; la Alianza Libre de Quiroga, con 39; y la Alianza Unidad, liderada por Samuel Doria Medina, con 26. Para aprobar cambios estructurales que requieren dos tercios de la Asamblea, será necesario tejer acuerdos políticos entre distintas fuerzas.
Por otro lado, el expresidente Evo Morales, impedido de postularse nuevamente por decisión judicial, se perfila como el principal opositor. Morales aseguró que defenderá las conquistas de su antiguo mandato mediante “batalla en las calles y caminos” si se implementan políticas contrarias a su legado. Actualmente se encuentra en la región del Chapare, bajo una orden de captura por un caso de trata de menores que él rechaza.
Analistas coinciden en que las heridas políticas entre los candidatos y sus grupos dificultarán la cooperación en la Asamblea y la gobernabilidad en los primeros meses del nuevo mandato.
El reto para el gobierno de Paz será, por tanto, equilibrar la urgencia de medidas económicas con la necesidad de consenso político, mientras atiende la presión social y las expectativas de los bolivianos ante una de las crisis más profundas de la historia reciente del país.