La reciente detención del excomandante sandinista Bayardo Arce y del general en retiro Álvaro Baltodano refleja una ruptura en los anillos de poder del régimen de Daniel Ortega, en el marco de lo que analistas consideran la transición del “orteguismo” al “murillismo”.

Óscar René Vargas, sociólogo y exasesor del FSLN desterrado a EE.UU., sostuvo que estas capturas responden a una “sucesión dinástica” impulsada por Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, con el objetivo de preparar el camino a uno de sus hijos. “Se está produciendo una ruptura en los anillos de poder en la transición del ‘orteguismo’ al ‘murillismo’”, afirmó.

En la misma línea, el politólogo Silvio Prado señaló que estas purgas buscan despejar el panorama de la sucesión, comparándolas con las llevadas a cabo por Stalin contra dirigentes de la revolución rusa. “Nadie del llamado sandinismo histórico está a salvo de próximas purgas”, advirtió.

La activista exiliada Haydée Castillo coincidió en que el régimen ha convertido al FSLN en “una empresa familiar”, donde no caben los militantes históricos que representen amenaza al poder de Murillo. Sin embargo, anticipó que la sucesión lleva en sí misma un factor de desgaste: “Rosario Murillo no podrá sobrevivir en un poder al cual llega sin legitimidad”.

En los últimos años, Ortega también emprendió acciones contra antiguos aliados, incluido su propio hermano, el general retirado Humberto Ortega, fallecido bajo arresto domiciliario en septiembre de 2024 tras haber cuestionado la “sucesión dictatorial” del mandatario.

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