A lo largo de su carrera, Ozzy Osbourne fue considerado un milagro viviente. En 2019, él mismo afirmó que, si le hubieran preguntado hace años, habría dicho que estaría muerto a los 40 años, pero, a pesar de los múltiples excesos que casi le costaron la vida, vivió hasta los 76 años, falleciendo el 22 de julio de 2025. Su vida estuvo marcada por la lucha contra la muerte: una infección estafilocócica en 2018, problemas respiratorios en 2019, lesiones por un accidente en cuatriciclo en 2003, y hasta haber sido declarado muerto por sus compañeros de Black Sabbath en 1978 después de un episodio de abuso de drogas.
Ozzy pasó a la historia como el líder de Black Sabbath, la banda que definió el heavy metal con su mezcla de oscuridad, terror y lo sobrenatural, especialmente con su tema «Black Sabbath», que inauguró el subgénero. Su vida estuvo llena de excesos: drogadicciones, alcoholismo y comportamientos destructivos, pero también de una increíble perseverancia.
Tras su salida de Black Sabbath en los 80, comenzó una exitosa carrera en solitario con álbumes como Blizzard of Ozz (1980) y Diary of a Madman (1981), y en su vida personal encontró apoyo en Sharon Osbourne, quien lo gestionó y le ayudó a mantener su relevancia en el mundo del rock. Incluso con su fama de «Príncipe de las Tinieblas», Ozzy se convirtió en un fenómeno de la cultura pop, gracias al éxito de su festival Ozzfest y su participación en el reality de MTV The Osbournes.
Ozzy Osbourne, que había enfrentado tantas veces la muerte, logró superar las expectativas y seguir activo en la música incluso en sus años más avanzados. Su legado perdura, no solo por su impacto en el metal, sino también por su increíble capacidad para sobrevivir a las adversidades y mantenerse vigente.