La Administración de Donald Trump negó este domingo que Estados Unidos esté en guerra con Irán, tras la histórica ofensiva lanzada en la noche del sábado contra las instalaciones nucleares clave del país persa. En su lugar, el vicepresidente JD Vance destacó que el objetivo del ataque fue únicamente “neutralizar el programa nuclear iraní”, y subrayó que no se trató de un conflicto militar directo con la República Islámica.

“No estamos en guerra con Irán. Estamos en guerra con su programa nuclear. Y estamos increíblemente agradecidos y orgullosos de los pilotos de la Fuerza Aérea que hicieron un trabajo increíble anoche”, declaró Vance en una entrevista para la cadena NBC. Asimismo, aseguró que Estados Unidos no tiene planes de desplegar tropas sobre el terreno en Irán, pero advirtió que cualquier represalia por parte de Teherán contra intereses estadounidenses resultaría en una respuesta “abrumadora”.

La operación “Martillo de Medianoche”

La operación, bautizada como «Martillo de Medianoche» (Midnight Hammer), fue ejecutada después del fracaso de las negociaciones nucleares entre Washington y Teherán. Aproximadamente 125 aeronaves, incluidas siete bombarderos B-2 Spirit, participaron en el ataque sorpresa, que tuvo como objetivo las instalaciones nucleares de Isfahán, Natanz y Fordó. La misión, que involucró el lanzamiento de 75 bombas y misiles, logró evadir las defensas aéreas iraníes y cumplió con los objetivos establecidos, según el Pentágono, aunque aún está en proceso la evaluación de los daños.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, explicó que el ataque no tenía como fin un cambio de régimen en Irán ni afectó a la población civil. “Esta operación fue una acción quirúrgica para debilitar la capacidad nuclear de Irán y proteger a nuestros aliados, especialmente Israel”, indicó Hegseth.

Reacciones de Irán y del mundo

En respuesta al ataque, Irán convocó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, acusando a Estados Unidos de iniciar una «guerra peligrosa» y advirtiendo que el bombardeo tendrá «consecuencias duraderas». El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, subrayó que Teherán se reserva «todas las opciones» para responder, mientras que la Guardia Revolucionaria iraní prometió «duras repercusiones» por la ofensiva estadounidense.

Además, el Parlamento iraní exigió el cierre del estrecho de Ormuz, vital para el transporte de crudo mundial, aunque la decisión final sobre esta medida depende del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. La posibilidad de represalias iraníes en la región aumenta la tensión, dado que miles de soldados estadounidenses están desplegados en bases militares en Oriente Medio, potenciales blancos de ataques.

El ataque estadounidense se suma a la creciente escalada de hostilidades entre Israel e Irán. Desde el 13 de junio, Israel ha intensificado sus bombardeos en territorio iraní, y Teherán ha respondido lanzando misiles hacia el Estado judío. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró la ofensiva de Trump, calificándola de “audaz” y reafirmando que “la paz se logra con la fuerza”. Mientras tanto, el Ejército israelí llevó a cabo nuevos ataques aéreos contra infraestructuras militares iraníes, incluyendo objetivos en las cercanías de la ciudad de Yazd.

La operación ha generado reacciones mixtas a nivel internacional. Mientras Israel respaldó plenamente el ataque, la Comisión Europea instó a la contención y a un regreso a la mesa de negociaciones. Países árabes, latinoamericanos, y potencias como Rusia y China condenaron la ofensiva, calificándola de «agresión» y exigiendo una solución diplomática.

El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación por el aumento de las tensiones y advirtió que «no hay solución militar» para resolver la crisis, haciendo un llamado urgente al retorno de la diplomacia.

En contraste, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, defendió la ofensiva, asegurando que “el mundo hoy es más seguro” tras la acción militar, y argumentó que varios de los países que condenaron públicamente el ataque en privado reconocen que fue necesario para preservar la seguridad global.

Con la región de Oriente Medio en alerta máxima, las próximas horas y días serán cruciales para determinar la intensidad de las represalias iraníes y las posibles repercusiones internacionales del ataque. La situación podría desencadenar una serie de acciones militares y diplomáticas que podrían reconfigurar el equilibrio de poder en la región.

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