En una de las operaciones más significativas desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ejecutó la noche del sábado un ataque sorpresa contra instalaciones nucleares clave de Irán, marcando su oficial entrada en el conflicto entre la República Islámica y Israel. La operación, denominada “Martillo de Medianoche”, fue supervisada personalmente por el presidente Donald Trump desde la sala de crisis de la Casa Blanca, con el objetivo de frenar el desarrollo de armamento nuclear por parte de Irán.

El ataque, que se llevó a cabo durante la noche del viernes y el sábado, involucró a más de 125 aeronaves, entre ellas siete bombarderos B-2 Spirit, aviones cisterna, cazas y unidades de reconocimiento. Los bombarderos partieron desde Misuri, y como parte de una maniobra estratégica de distracción, algunos aviones volaron hacia Guam, mientras que el resto de las aeronaves avanzaron sigilosamente hacia Irán. La ofensiva incluyó el lanzamiento de más de 75 bombas y misiles de precisión, destacando la utilización de los explosivos GBU-57, específicamente sobre la instalación de Fordó.

“Este ha sido el bombardeo más grande con B-2 y la misión más extensa desde el 11 de septiembre de 2001”, declaró el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien también subrayó que los sistemas de defensa iraníes no detectaron la incursión, y que no se registraron bajas estadounidenses durante la operación.

El ataque comenzó con un lanzamiento de misiles Tomahawk desde un submarino estadounidense hacia la instalación nuclear de Isfahán, seguido por el bombardeo aéreo a las instalaciones de Fordó y Natanz. La misión concluyó a las 19:05 (hora de Washington) sin enfrentar resistencia aérea por parte de Irán, lo que permitió a las fuerzas estadounidenses llevar a cabo la operación con éxito.

Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, aclaró que la operación fue «quirúrgica» y que su propósito no era cambiar el régimen iraní, sino neutralizar amenazas directas a los intereses de EE.UU. y proteger a sus tropas y aliados, especialmente Israel. “Esta acción ha sido una respuesta precisa para desbaratar las capacidades nucleares de Irán”, añadió.

A pesar del respaldo de la administración Trump, la ofensiva ha generado controversia interna, especialmente dentro del ala política más conservadora y reacia al intervencionismo militar. En un mensaje a la nación, el presidente Trump insistió en que la ofensiva tenía un carácter defensivo y advirtió a Irán que debe elegir «entre la paz o una tragedia aún mayor que la que han presenciado en los últimos ocho días».

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