En una iglesia discreta de la provincia china de Hebei, un pequeño grupo de fieles se reunió en oración este martes para despedir al Papa Francisco, fallecido a los 88 años. El ambiente fue de recogimiento y emoción, reflejo del respeto que el pontífice inspiró incluso en regiones donde la Iglesia ha enfrentado décadas de tensión con el Estado.
La comunidad local, decorada con símbolos religiosos junto a textos oficiales del Partido Comunista, se unió en cantos y plegarias. Para muchos, su muerte se sintió como la pérdida de un ser querido. “Nos enseñó a amar, sin importar las diferencias”, expresó Chenxing, una mujer de 53 años visiblemente conmovida.
Durante su papado, Francisco impulsó un acercamiento sin precedentes entre el Vaticano y China. En 2018, bajo su liderazgo, se firmó un acuerdo histórico que permitió la colaboración en el nombramiento de obispos, un gesto que suavizó décadas de distanciamiento.
Aunque el Vaticano mantiene sus relaciones diplomáticas con Taiwán, el Papa trabajó por tender puentes con Pekín. “Redefinió el diálogo con China”, explicó el investigador Michel Chambon, subrayando que, por primera vez, el gobierno chino reconoció cierta autoridad al papa sobre la Iglesia local.
A pesar de las restricciones religiosas, los fieles chinos honran su memoria con discreta devoción, reconociendo en él a un líder que promovió la reconciliación y la paz.