En la cumbre del G20 celebrada en Río de Janeiro, el nombre de Donald Trump fue evitado por los líderes mundiales y diplomáticos presentes, como si fuera un tema tabú, una figura que «no debía ser nombrada». Aunque el presidente electo de Estados Unidos se encontraba a las puertas de regresar al poder, los participantes optaron por referirse a su inminente mandato de manera indirecta, utilizando términos como «la próxima administración», «turbulencias», «negacionistas» o «cambio», sin llegar a mencionar su nombre.
Tensiones y comentarios velados
El presidente francés, Emmanuel Macron, quien previamente intentó acercarse a Trump, habló sobre los peligros de la fragmentación del orden internacional debido a políticas proteccionistas, refiriéndose a las «políticas arancelarias» y las frágiles políticas climáticas, en alusión a las promesas de Trump de imponer altos aranceles y su amenaza de retirar a EE. UU. de los acuerdos de París sobre el clima. Sin mencionar explícitamente a Trump, Macron subrayó que este tipo de actitudes podría provocar que otros países dejen de respetar las reglas internacionales.
Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, también esquivó mencionar directamente a Trump pero destacó la importancia de Estados Unidos en los esfuerzos globales contra el cambio climático, mostrando una «profunda confianza» en que el país continuaría avanzando en ese sentido.
Distanciamiento entre líderes
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva aprovechó la cumbre para reforzar su mensaje contra el negacionismo climático sin aludir a Trump, quien es conocido por sus posturas contrarias a las políticas climáticas globales. Mientras tanto, el presidente argentino, Javier Milei, aliado de Trump, mostró su apoyo a través de redes sociales al publicar una imagen suya con el presidente estadounidense, contrastándola con una foto con Lula, lo que subrayó las diferencias políticas entre Milei y el líder brasileño, especialmente en temas económicos y sociales.
Enfoque diplomático
En cuanto a las conversaciones entre diplomáticos y funcionarios, el asesor adjunto de Seguridad Nacional de EE. UU., Jon Finer, insistió en que Trump no fue un tema relevante en las reuniones con sus homólogos y que cada país decidiría cómo manejar su relación con la nueva administración en función de sus intereses, una vez que el republicano asumiera nuevamente la presidencia.
Biden y su legado
El presidente Joe Biden, quien probablemente hizo su última aparición importante en una cumbre internacional, también evitó mencionar a Trump directamente. A sus 81 años, Biden parece centrarse en dejar un legado positivo antes de su retiro, instando a los líderes a seguir adelante independientemente de su mandato. En su último día en la cumbre, reconoció la cercanía del regreso de Trump y, tras una reflexión sobre el futuro, evitó seguir hablando de él, haciendo una referencia indirecta a «El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado».
La cumbre del G20 en Río de Janeiro fue una demostración clara de la tensión y el desconcierto que genera la figura de Trump en la diplomacia internacional, con líderes intentando evitar confrontaciones directas, pero expresando sus preocupaciones de manera codificada sobre las políticas que probablemente implementará su administración, especialmente en temas como el comercio y el cambio climático. A pesar de los intentos de diplomacia y eludir menciones directas, la sombra del futuro presidente de EE. UU. estuvo presente en las discusiones de los líderes
