La estrategia del Gobierno de transformar al sistema penitenciario en centros autosostenibles avanza cada día con el Plan Cero Ocio. El objetivo es que el Estado no tenga que cargar con grandes erogaciones que generan los privados de libertad.
En el plan está contemplado que cada reo deberá incorporarse a las diferentes actividades, que se desarrollan en el interior de los centros penales, para adquirir conocimientos en diferentes áreas que les permita contar con herramientas para cuando cumplan su condena y salgan en libertad.
En el interior de las penitenciarías, los reos obtienen capacitaciones a través de cursos de albañilería, corte y confección, serigrafía, elaboración de zapatos, pintura, carpintería, cocina, entre otros oficios.
Además, los privados de libertad aprenden técnicas en agricultura para el cultivo de hortalizas y cereales, así como en la crianza de aves y la preparación de alimentos en gran escala.
La idea es que los mismos reos sean los encargados de preparar sus alimentos dentro de los recintos penitenciarios, para ello, están adquiriendo conocimiento de cocina y preparación, en grandes cantidades, que les permita tener nociones claras de cantidades de productos a utilizar.
De acuerdo con el director de Centros Penales, Osiris Luna Meza, próximamente cerca de 3,700 reos van a poder cocinar todos sus alimentos a diario para el resto de la población penitenciaria.
La propuesta a ejecutar es clara: los privados de libertad podrán cultivar, cocinar y consumir sus propios alimentos, generando de esta manera una mayor disciplina laboral entre los reclusos.
Con estas acciones en el interior de las cárceles permitirá al Estado un importante ahorro en cuanto a la alimentación de los privados de libertad. Dentro de algunos centros penales se fomenta el cultivo de hortalizas y la crianza de 32,000 gallinas en las granjas penitenciarias.