En El Salvador, la relación con la diáspora está cambiando.
Durante décadas, el vínculo principal fue a través de las remesas, que han sostenido a millones de familias. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a emerger una nueva dinámica: la inversión directa de los salvadoreños en el exterior.
Según datos recientes, más de 1,400 millones de dólares han sido invertidos en el país por la diáspora, lo que marca un giro importante en el papel económico de los migrantes.
Pero este fenómeno plantea nuevas preguntas.
¿Hacia dónde se está dirigiendo esa inversión? ¿Y qué impacto real está teniendo en la generación de empleo?
Hoy, gran parte de ese capital se concentra en sectores como turismo, comercio, servicios y bienes raíces, que dinamizan la economía, pero no siempre generan empleo permanente.
Ahí es donde surge el principal desafío.
Especialistas señalan que el verdadero potencial de la diáspora está en su capacidad de invertir en sectores productivos como la agricultura, la industria o la transformación de alimentos, que pueden generar empleo sostenible y desarrollo territorial.
Además, existe otro elemento que cobra relevancia: el posible retorno de salvadoreños con experiencia acumulada en el exterior, especialmente aquellos bajo programas como el TPS.
Este grupo podría convertirse en una fuerza productiva clave para el país, si existen condiciones adecuadas para su reintegración económica.
El debate, entonces, ya no es si la diáspora aporta al país.
El debate es cómo convertir ese capital en una verdadera herramienta de desarrollo.
Por: César Ríos, Director de Agenda Migrante