El corte casi total de internet en Irán alcanzó los 66 días, en medio de crecientes críticas por su impacto económico y denuncias de desigualdad en el acceso a la red.

Las autoridades mantienen la restricción bajo argumentos de seguridad nacional tras las protestas registradas a inicios de año. Funcionarios afirman que restablecer el servicio podría facilitar la organización de nuevas manifestaciones, en un contexto que califican como “condiciones de guerra”.

El debate interno ha escalado debido a la aparición del llamado “internet pro”, un sistema limitado inicialmente a empresas y servicios esenciales, pero que ahora circula en mercados informales con altos costos, generando malestar social.

Reportes indican que la gran mayoría de la población permanece desconectada, mientras un sector reducido accede a la red mediante estos mecanismos, lo que ha sido señalado como una práctica discriminatoria.

Sectores reformistas y organizaciones empresariales advierten que el apagón ha provocado cierre de negocios digitales, pérdida de empleos y un deterioro en la confianza hacia las instituciones, intensificando la presión sobre el Gobierno para restablecer el servicio de manera equitativa.

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