Israel y Líbano acordaron iniciar negociaciones directas tras una reunión en Washington, mediada por Marco Rubio, quien calificó el diálogo como una “oportunidad histórica” para avanzar hacia la paz.

El encuentro, el primero de alto nivel desde 1993, fue considerado productivo por ambas delegaciones, que coincidieron en establecer futuras conversaciones en un lugar y fecha por definir. Sin embargo, el proceso enfrenta obstáculos, ya que el grupo Hezbolá rechazó las negociaciones y lanzó ataques con cohetes contra el norte de Israel durante el desarrollo de la reunión.

Estados Unidos impulsa un acuerdo para evitar una escalada mayor en la región, especialmente ante el riesgo de que el conflicto afecte las tensiones con Irán, aliado de Hezbolá. La crisis se intensificó tras los enfrentamientos iniciados a finales de febrero, que han dejado más de 2,000 muertos y cerca de un millón de desplazados en territorio libanés, según autoridades locales.

Mientras tanto, el presidente libanés Joseph Aoun expresó su expectativa de que el diálogo marque el inicio del fin del conflicto, aunque reiteró la necesidad de un alto al fuego y el respeto a la soberanía del país.

Por su parte, autoridades israelíes sostienen que cualquier acuerdo pasa por desmantelar a Hezbolá, al que consideran el principal obstáculo para la estabilidad. En esa línea, el canciller Gideon Saar afirmó que su país busca la paz, pero insistió en que la organización armada debe ser neutralizada.

En paralelo, la tensión regional se mantiene elevada tras medidas adoptadas por Donald Trump, quien ordenó reforzar la presión sobre Irán mediante restricciones al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio global de petróleo.

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