La creciente presión diplomática de Estados Unidos ha comenzado a debilitar la influencia de Cuba en América Latina, reflejada en recientes distanciamientos y cancelaciones de acuerdos en la región.
En las últimas semanas, Ecuador y Costa Rica han tomado medidas que marcan un quiebre en sus vínculos con Cuba, incluyendo la reducción de relaciones diplomáticas y el retiro de delegaciones.
A estos hechos se suman decisiones de países como Honduras, Guatemala y Jamaica de cancelar acuerdos médicos con la isla, en medio de una campaña promovida por Washington, que cuestiona estas misiones.
La tendencia también se ha extendido a otras naciones del Caribe, donde se han suspendido o modificado programas de cooperación desde la llegada de la administración del presidente Donald Trump.
El impacto de este escenario se evidenció en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde, aunque la mayoría respaldó a Cuba en la votación sobre el embargo, se registró una ruptura del consenso latinoamericano.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció una presión “brutal” por parte de Estados Unidos, mientras que países como México y Brasil han mantenido cierto nivel de apoyo, aunque con matices.
Analistas consideran que el giro político en la región y los costos asociados a respaldar a La Habana han contribuido a su creciente aislamiento, aunque no descartan que esta estrategia genere reacciones contrarias y reconfigure nuevamente el escenario regional.