Altos mandos del Pentágono de Estados Unidos, incluyendo al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, han señalado los riesgos de emprender una operación militar de gran escala contra Irán, como la posibilidad de un conflicto prolongado con numerosas bajas y desgaste de recursos militares. Estas preocupaciones forman parte de las discusiones internas previas a cualquier decisión armada.
Además de los riesgos directos para tropas y equipamiento, se ha advertido que un conflicto amplio podría agotarse y complicarse si no cuenta con suficiente apoyo aliado o con recursos suficientes.
El presidente Trump ha negado que exista una división interna o oposición dentro de su equipo de seguridad por estas advertencias, calificando parte de esa información como “noticias falsas”. Afirmó que el general Caine comparte su perspectiva sobre una potencial victoria simple si se decide una acción militar, aunque reconoció que nadie desea una guerra.
Trump ha reforzado su mensaje de presión hacia Irán, otorgando ultimátums para negociar y posicionando importantes fuerzas militares en la región.
Estados Unidos mantiene un despliegue militar significativo en el Medio Oriente, con portaaviones y grupos de ataque listos para actuar si se ordena, marcando la mayor concentración de fuerzas desde la guerra de Irak en 2003.
Las tensiones incluyen tanto la presión militar como negociaciones diplomáticas en curso para abordar el programa nuclear iraní, con reuniones programadas en ciudades como Ginebra para intentar reducir la escalada.
Mientras tanto, legisladores como Ro Khanna y Thomas Massie han impulsado una resolución de “War Powers” en el Congreso de EE. UU. para requerir autorización expresa del órgano antes de cualquier ataque militar, resaltando la preocupación por el uso unilateral de la fuerza.