El conflicto entre Ucrania y Rusia cumple este 24 de febrero cuatro años desde el inicio de la invasión, convertido en una guerra de desgaste que continúa impactando la estabilidad europea y la geopolítica mundial.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante su campaña aseguró que podría poner fin al conflicto en 24 horas, ha reconocido recientemente la complejidad del escenario. Durante la sesión inaugural de la denominada Junta de Paz en Washington, admitió que la resolución del conflicto “no es una situación fácil”, pese a su relación con el mandatario ruso, Vladimir Putin.
La postura estadounidense ha variado a lo largo de estos cuatro años. Bajo la administración de Joe Biden, Washington destinó cerca de 200,000 millones de dólares en asistencia militar, económica y humanitaria a Kiev entre 2022 y 2024. Sin embargo, con el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, la relación con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, atravesó momentos de tensión, incluido un encuentro en el Despacho Oval en el que el mandatario estadounidense responsabilizó a Ucrania del origen del conflicto.
Aunque posteriormente Trump endureció su discurso hacia Moscú al señalar la falta de voluntad rusa para alcanzar la paz, ha insistido en que Kiev debe acelerar las negociaciones. Zelenski declaró este mes que Washington aspira a que la guerra concluya en junio, aunque el reciente intento de diálogo tripartito celebrado en Ginebra terminó sin resultados concretos.
Analistas internacionales consideran que un acuerdo no parece inminente. El profesor David Marples, de la Universidad de Alberta, sostiene que Moscú no tiene incentivos suficientes para detener la ofensiva y que Ucrania difícilmente aceptará ceder territorios como Donetsk sin garantías de seguridad a largo plazo. En contraste, el académico Vladislav Inozemtsev estima que las sanciones energéticas impuestas a Rusia podrían abrir una ventana para negociaciones, aunque advierte que cualquier eventual pacto no resolvería de fondo la tensión regional.
A cuatro años del inicio de la invasión, la guerra continúa sin un desenlace claro y con profundas repercusiones para el equilibrio internacional, mientras las potencias occidentales debaten su papel en el futuro del conflicto.