Los argentinos acudirán este domingo a las urnas en un contexto de economía estancada, alta informalidad laboral y ajuste fiscal profundo, tras casi dos años de gobierno del presidente Javier Milei.
El mandatario ultraliberal llega a su primer gran test electoral nacional con dos logros visibles:
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Desaceleración de la inflación, que pasó de un pico de 289,4 % interanual en abril de 2024 al 31,8 % en septiembre de 2025.
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Equilibrio en las cuentas públicas, alcanzado gracias a un recorte drástico del gasto y reducción del tamaño del Estado.
Sin embargo, estas políticas han tenido fuertes costos sociales y económicos:
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Veto a leyes que aumentaban recursos para jubilados, educación, salud y personas con discapacidad.
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Estancamiento de la actividad económica desde mayo de 2025.
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Cierre de 18.032 empresas y pérdida de 253.728 empleos registrados desde el inicio del gobierno.
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Desempleo del 7,6 % y alta informalidad laboral del 43,2 %, con 4,5 millones de trabajadores ocupados bajo la línea de pobreza.
Para sostener el peso y evitar una crisis cambiaria, Argentina recibió asistencia financiera de Estados Unidos y mantiene un programa con el Fondo Monetario Internacional por 20.000 millones de dólares, aunque las reservas siguen siendo limitadas y la incertidumbre económica persiste.
Analistas consultados por EFE señalan que, pese a la desaceleración inflacionaria, los ingresos de trabajadores y empresarios son insuficientes, y la población comienza a mostrar desilusión y temor ante la continuidad de la inflación.
El contexto económico será un factor clave que podría influir en el resultado de las elecciones legislativas, en medio de tensiones financieras y cuestionamientos a las medidas de ajuste del Gobierno de Milei.
