La Casa Blanca ha comenzado la demolición parcial de su ala Este para dar paso a la construcción de un nuevo salón de baile solicitado por el presidente Donald Trump, quien asegura que la residencia oficial necesita un espacio más amplio para dinas de Estado y eventos protocolares.
Las obras, que ya están en marcha con maquinaria pesada removiendo paredes y techos, contemplan la edificación de un salón de 8,300 metros cuadrados con capacidad para 1,000 personas. Se trata de la transformación estructural más significativa en la Casa Blanca desde la remodelación realizada en 1948 bajo el mandato de Harry S. Truman.
El proyecto está valorado en 250 millones de dólares, una cifra que Trump afirma cubrirá mayoritariamente con fondos propios, aunque recientemente organizó una cena de gala con grandes empresarios del sector tecnológico para buscar apoyo financiero.
A la cita asistieron representantes de compañías como Amazon, Apple, Meta, Google, Microsoft y Palantir, todas ellas con importantes relaciones comerciales con el gobierno federal.
“Estamos construyendo un salón de baile de clase mundial. Han pasado 150 años y nunca se construyó uno. Era hora”, declaró Trump durante un almuerzo con senadores republicanos en Washington, mientras se escuchaban de fondo los sonidos de la maquinaria en operación.
“Ese ruido es música para mis oídos”, bromeó.
El presidente, conocido por su trayectoria en el sector inmobiliario, añadió con sarcasmo: “Ese sonido me recuerda al dinero. En este caso, a la falta de dinero, porque yo lo estoy pagando”.
El anuncio ha generado críticas de legisladores demócratas, quienes cuestionan tanto el gasto como la falta de consulta pública, argumentando que se trata de una intervención innecesaria en un sitio patrimonial protegido.
A modo de respuesta, la Casa Blanca emitió un comunicado donde calificó la obra como “una adición audaz y necesaria que continúa la tradición histórica de renovación de la residencia presidencial, como símbolo de la excelencia estadounidense”.
La administración recordó también que, durante la presidencia de Barack Obama, se realizaron adaptaciones en el recinto, incluyendo la conversión de una pista de tenis en una cancha de baloncesto.
