En vísperas de su 90º cumpleaños, el Dalái Lama puso fin este miércoles a años de especulación sobre su reencarnación y sucesión espiritual. En un mensaje en video, anunció que su linaje continuará y que solo el Gaden Phodrang Trust, una fundación creada por él mismo, tendrá la “autoridad exclusiva” para identificar a su sucesor, desafiando frontalmente los intentos de control por parte del Gobierno chino.

“La institución del Dalái Lama continuará. Nadie más tiene ninguna autoridad para interferir en este asunto”, afirmó con firmeza el líder budista.

Respaldo total del liderazgo tibetano en el exilio

La declaración fue respaldada de inmediato por la 15ª Conferencia Religiosa de altos lamas tibetanos, que aprobó una resolución unánime apoyando el anuncio y condenando “enérgicamente” la intromisión de Pekín. La noticia generó júbilo en la comunidad tibetana exiliada en Dharamsala, donde miles de peregrinos y monjes se han congregado para celebrar el aniversario del líder.

Una reencarnación fuera del control de China

China, que considera al Dalái Lama un separatista desde su exilio en 1959, ha insistido en que la sucesión debe seguir el “proceso de la urna dorada”, controlado por Pekín. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, reiteró que la reencarnación debe ser validada por el gobierno central, como parte de la “sinización de la religión”.

Sin embargo, el Dalái Lama ha dejado claro en múltiples ocasiones que su próxima reencarnación no nacerá en territorio bajo control chino. La crisis en torno a la sucesión se agudiza por la desaparición del Panchen Lama legítimo, secuestrado por las autoridades chinas en 1995 y reemplazado por un candidato designado por el Partido Comunista.

Una batalla espiritual con consecuencias geopolíticas

La decisión del Dalái Lama tiene profundas implicaciones políticas, espirituales y diplomáticas. Estados Unidos ya ha expresado su respaldo a un proceso libre de injerencia, promulgando en 2024 la Ley de Resolución de la Disputa Tíbet-China y sancionando a funcionarios chinos por restricciones impuestas al acceso al Tíbet.

Con esta hoja de ruta para su sucesión, el líder tibetano busca garantizar la continuidad de su linaje espiritual y la identidad cultural de su pueblo. A punto de cumplir nueve décadas, su mensaje se ha convertido en un testamento político y espiritual, diseñado para resistir el avance de la política china sobre el budismo tibetano.

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