Israel lanzó una ofensiva aérea contra instalaciones militares y nucleares en Irán, en una operación que dejó como resultado la muerte del jefe de los Guardianes de la Revolución, Hosein Salami; el alto comandante Gholam Ali Rashid; el jefe del Estado Mayor, Mohamed Bagheri; y seis científicos nucleares, según la televisión estatal iraní.
La operación, denominada León Creciente, movilizó unos 200 aviones de combate y se produce en medio del estancamiento de las negociaciones nucleares entre Teherán y Washington. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que los ataques “seguirán tantos días como sea necesario” y confirmó que fue atacada la planta nuclear de Natanz.
Irán respondió lanzando alrededor de 100 drones hacia territorio israelí, los cuales fueron interceptados. Jordania también reportó la interceptación de drones y misiles en su espacio aéreo. En respuesta, Irán prometió una represalia “sin límites”, mientras que el ayatolá Ali Jamenei advirtió que Israel enfrentará un destino “amargo y doloroso”.
El ministro iraní de Relaciones Exteriores calificó el ataque como “una declaración de guerra” y pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que intervenga. En paralelo, Irán acusó a Estados Unidos de complicidad, aunque Washington negó su participación y advirtió a Teherán contra cualquier agresión hacia su personal o intereses en la región.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó que la planta de Natanz fue alcanzada, aunque no se han registrado niveles anormales de radiación. Por su parte, Naciones Unidas y la Unión Europea hicieron un llamado urgente a la “máxima moderación”.
El ataque elevó la tensión regional: Irán, Israel, Irak y Jordania cerraron su espacio aéreo, mientras aerolíneas como Qatar Airways y Air France suspendieron vuelos. El precio del petróleo se disparó más del 12 % tras los bombardeos.
Mientras tanto, en Teherán, se reportaron explosiones en zonas residenciales, con al menos 50 civiles heridos. El líder supremo iraní ya designó a nuevos mandos militares, y Estados Unidos mantiene en alerta a su Consejo de Seguridad Nacional.