A un año del inicio de su segundo mandato presidencial, Nayib Bukele mantiene altos niveles de aprobación popular, impulsado por su política de seguridad, mientras la economía salvadoreña continúa siendo su desafío más apremiante.
Reelegido en 2024 en medio de cuestionamientos por la prohibición constitucional de la reelección inmediata, Bukele se ha mantenido en el poder apoyado en un régimen de excepción que ha reducido drásticamente los niveles de violencia, pero también ha sido criticado por organismos internacionales debido a denuncias de abusos y detenciones arbitrarias.
Durante su discurso de investidura el 1 de junio de 2024, el mandatario prometió enfocar su segundo período en la recuperación económica. Sin embargo, indicadores recientes reflejan un escenario complejo: la pobreza ha aumentado, la economía muestra bajo crecimiento regional y la dependencia de las remesas sigue siendo elevada.
Entre las medidas anunciadas para aliviar la situación, destaca el incremento del salario mínimo en un 12 %, aunque analistas advierten que estas acciones no abordan las causas estructurales de la crisis.
El Salvador también ha recurrido a financiamiento internacional, incluyendo un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), mientras la deuda pública supera los 32.000 millones de dólares.
A pesar de las críticas, el respaldo ciudadano al Gobierno sigue siendo sólido. Según una encuesta de CID Gallup, el 85 % de la población aprueba su gestión, aunque esta cifra ha mostrado una leve disminución respecto al año anterior.
Se espera que Bukele dirija un mensaje a la nación este domingo desde la Asamblea Legislativa, aunque aún no se han adelantado detalles sobre su contenido.