El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, finalizó este viernes una gira de cuatro días por Oriente Medio, marcada por importantes acuerdos comerciales y gestos diplomáticos hacia potencias regionales como Arabia Saudí, sin realizar una parada en Israel, tradicional aliado de Washington. La exclusión ha generado inquietud y un creciente sentimiento de abandono entre la población israelí y parte de su clase política.
Para analistas y expertos locales, la visita refuerza la percepción de que Israel ha quedado fuera del rediseño geopolítico y económico de la región. Según Michael Milshtein, investigador del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv, la sociedad israelí observa con preocupación cómo “el mundo árabe celebra acuerdos millonarios y promueve planes de futuro, mientras Israel solo tiene una guerra que ofrecer”.
Milshtein advierte que la focalización exclusiva del gobierno israelí en la ofensiva contra Gaza, a la que califica como “una guerra sin dirección ni estrategia”, podría estar debilitando la influencia del país en Washington y en la región. Como ejemplo, señala las negociaciones nucleares entre EE. UU. e Irán, que avanzan sin participación ni consulta a Israel.
Otro punto crítico ha sido el trato favorable que Trump dio al nuevo presidente sirio, Ahmed al Sharaa, con quien se reunió durante su estancia en Arabia Saudí y cuyo régimen podría beneficiarse del levantamiento de sanciones. Israel, aunque crítico en privado, ha mantenido una postura de bajo perfil, sin declaraciones oficiales contundentes.
Expertos como Nir Boms y Carmit Valensi destacan que, pese a las reservas dentro del gabinete del primer ministro Benjamín Netanyahu, el tono hacia Damasco ha comenzado a suavizarse. La suspensión reciente de los ataques aéreos sobre Siria sería un indicio del cambio de enfoque.
Jonathan Yynhold, de la Universidad de Bar-Ilan, señala que la visita de Trump —centrada en el pragmatismo económico— no incluyó coordinación alguna con Israel, ni en aspectos clave como la liberación del rehén estadounidense Edan Alexander, ni en los contactos con Teherán o Damasco. “Trump opera bajo una lógica puramente comercial. Israel ya no forma parte de su estrategia”, afirmó.
En ese contexto, algunos analistas consideran que la gestión de Joe Biden ofrecía un vínculo más estable con Israel, mientras que Trump actúa bajo un esquema de “America First” sin concesiones personales. “Como diría la mafia: no es personal, es negocio”, resumió Yynhold.
Milshtein concluye que el verdadero riesgo es que la Casa Blanca pierda interés en Israel si este sigue actuando como un freno para el avance de proyectos regionales. “Trump y MBS hablaron de estrategia, de una nueva era en Oriente Medio. Israel simplemente no está en esa conversación”.
La gira de Trump deja claro que las alianzas históricas están en revisión y que el papel de Israel como socio central en la política estadounidense en Oriente Medio podría estar cambiando en medio de un rediseño diplomático impulsado por intereses económicos y nuevos actores.