El funeral del papa Francisco, el primero de un pontífice en ser enterrado fuera de los muros del Vaticano desde León XIII en 1903, marcó el fin de un pontificado de 12 años caracterizado por su defensa de los migrantes, el medio ambiente y la justicia social. El cortejo fúnebre, que recorrió las históricas calles de Roma, pasó frente a monumentos emblemáticos como el Coliseo y los Foros Imperiales, donde miles de personas se reunieron para rendir homenaje al líder espiritual.
Un vehículo todoterreno blanco parcialmente descapotable transportó el féretro del papa, un gesto simbólico que reflejaba la cercanía del pontífice con el pueblo, característica que lo hizo querido en todo el mundo. Muchos de los presentes expresaron que, más allá de su origen argentino, el papa Francisco representó los valores humanos más universales.
«Soy católico, pero no practicante, y por primera vez me sentí representado por el papa Francisco, más allá de ser argentino, por todo lo que hizo», comentó Diego Borigen, un informático argentino que se encontraba de vacaciones en Roma. Por su parte, Andrea Ugalde, de Los Ángeles, destacó: «No fue solo el papa, fue la definición de lo que es un ser humano. Cambió la Iglesia, defendió a los enfermos, a los sin hogar, a los pobres, a los animales».
El fervor popular por el papa argentino fue tal que miles de fieles llegaron desde la madrugada para asegurarse un buen lugar en el funeral. Entre los asistentes se encontraba también el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, quien estuvo acompañado de su familia.
Durante los tres días de capilla ardiente, 250,000 personas se dieron cita para rendir su último tributo al papa, algunos incluso esperando hasta altas horas de la madrugada. Líderes mundiales, incluidos el presidente argentino Javier Milei, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y los reyes de España, Felipe VI y Letizia, también viajaron a Roma para despedir al pontífice.
El papa Francisco falleció el 21 de abril a los 88 años debido a un ictus, casi un mes después de superar una grave neumonía bilateral. Su muerte, durante la celebración del lunes de Pascua, conmocionó a millones de católicos y generó múltiples homenajes alrededor del mundo. Incluso en su Argentina natal, desde donde nunca regresó como papa, se organizaron veladas para seguir el funeral en vivo, lo que evidenció el profundo respeto y admiración por su legado.