Con el fallecimiento del papa Francisco, el cardenal Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano desde 2019, ha asumido la responsabilidad de administrar los asuntos de la Santa Sede hasta la elección de un nuevo papa. Farrell, de 77 años, fue elegido para este cargo por el propio papa Francisco, y en su rol supervisará las ceremonias relacionadas con el luto papal, como el funeral, y organizará el cónclave para elegir al próximo pontífice.

El pasado lunes, Farrell presidió el rito de confirmación oficial del fallecimiento de Francisco. En una ceremonia solemne, vestido de negro, pronunció las palabras que anunciaron la partida del papa: «Esta mañana, a las 07:35 (hora en Italia), el obispo de Roma, Francisco, volvió a la casa del Padre».

Aunque Farrell es conocido por su sentido del humor, su carrera eclesiástica ha estado marcada por importantes responsabilidades. Antes de ser nombrado camarlengo, dirigió el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, un ministerio del Vaticano creado en 2016 por el papa Francisco. Además, en 2024 fue nombrado presidente del Tribunal de Casación del Vaticano.

Carrera en Estados Unidos

La mayor parte de la carrera sacerdotal de Farrell la realizó en Estados Unidos, donde vivió durante casi 30 años en Washington y nueve años en Dallas, Texas. Su nombramiento como cardenal en 2016 fue una sorpresa para él. En una entrevista con The Irish Times, recordó cómo su secretaria le informó que el papa Francisco estaba al teléfono para anunciarle su nombramiento. «No lo podía creer. Pensé que era una broma de uno de mis amigos obispos», relató Farrell.

Funciones del camarlengo durante la sede vacante

En su papel como camarlengo, Farrell se convierte en el administrador interino de los asuntos ordinarios de la Santa Sede. Junto con tres cardenales asistentes, se encargará de mantener la confidencialidad de lo que ocurre en la Capilla Sixtina, donde se lleva a cabo la elección del nuevo papa. Entre sus responsabilidades, el camarlengo tiene la facultad de solicitar información a los departamentos del Vaticano y gestionar los aspectos logísticos relacionados con el funcionamiento de la Santa Sede, como las votaciones del cónclave, los balances financieros y la organización de servicios como la limpieza, la asistencia médica y las confesiones.

El tiempo de la sede vacante

Durante el período de sede vacante, que comienza con la muerte o renuncia de un papa y termina con la elección de su sucesor, el camarlengo administra la sede apostólica. En este tiempo, se aplica el principio de nihil innovetur, que significa que no se pueden modificar las leyes. Aunque todos los cardenales pierden sus cargos, el penitenciario mayor y el limosnero mantienen sus funciones.

La sede vacante se considera el «tiempo del trono vacío», y la función del camarlengo cobra gran relevancia para asegurar la continuidad de las operaciones del Vaticano hasta la elección de un nuevo papa. La elección de este nuevo líder de la Iglesia católica pondrá fin al periodo de sede vacante y al mandato de Farrell como camarlengo.

Este rol de liderazgo temporal resalta la importancia de Farrell en la gestión de la transición, mientras el Vaticano se prepara para un nuevo capítulo en su historia.

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