Este lunes, a los 88 años, falleció el Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano y el primero en la historia de la Iglesia Católica en elegir el nombre del santo de los pobres. Su partida pone fin a un pontificado que comenzó en 2013 y que dejó una huella profunda en la Iglesia y en el mundo entero, tanto por su cercanía con los fieles como por sus esfuerzos por transformar la institución.
El Papa, nacido Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, Argentina, había estado luchando contra una grave neumonía desde mediados de febrero. Ingresó al hospital Gemelli en Roma el 14 de febrero, donde fue diagnosticado con una neumonía bilateral que requirió tratamiento intensivo. Tras un mes de tratamiento, fue dado de alta el 23 de marzo, aunque su salud seguía delicada. En su última aparición pública, el domingo de Pascua, saludó a los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro con una débil voz, deseándoles una “feliz Pascua”.
A las 07:35 (hora local), el cardenal Kevin Farrell, en nombre del Vaticano, informó su fallecimiento: «El obispo de Roma, Francisco, volvió a la casa del Padre». En su partida, se abre ahora un proceso de exequias y una serie de ceremonias protocolarias que seguirán las tradiciones más arraigadas en la Iglesia. Se prevé que el cónclave para elegir a su sucesor se celebre en los próximos 15 a 20 días, con la participación de más de 130 cardenales electores, de los cuales más de dos tercios fueron nombrados por él mismo.
El Vaticano se encuentra sumido en una atmósfera de profundo respeto. La Plaza de San Pedro, normalmente bulliciosa, se mantuvo en silencio este lunes mientras las campanas sonaban en honor al Papa. En ese momento, muchos fieles, como la italiana Cesarina Cireddu, afirmaban que Francisco había “regresado al Señor”, dejando una sensación de vacío entre los creyentes. Por su parte, Riccardo Vielma, un joven seminarista venezolano, expresó: «Hemos perdido a nuestro padre espiritual».
A lo largo de su papado, el Papa Francisco se destacó por su cercanía con los más vulnerables, siendo un firme defensor de los derechos de los migrantes, la justicia social y la protección del medio ambiente. Su mensaje de una Iglesia más inclusiva y compasiva, aunque controversial en algunos círculos conservadores, le ganó admiración global. Bajo su liderazgo, el Vaticano impulsó una reforma que buscaba modernizar la Iglesia en medio de sus desafíos históricos.
A lo largo de su pontificado, también enfrentó duras críticas internas por sus intentos de reforma, especialmente de aquellos sectores más tradicionales de la Iglesia, pero al mismo tiempo fue elogiado por su capacidad para conectar con los fieles y su lucha incansable por la paz y la justicia. Su legado espiritual se vio reflejado no solo en sus palabras, sino en sus acciones: desde su postura crítica hacia el consumismo hasta su trabajo para acercar a la Iglesia a los excluidos y marginados.
Diversos líderes mundiales han rendido homenaje a su figura. El presidente de Argentina, Javier Milei, destacó la “bondad y sabiduría” del Papa, mientras que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, resaltó su “compromiso con los más vulnerables”. Asimismo, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente francés, Emmanuel Macron, coincidieron en reconocer el legado de Francisco como un defensor incansable de los más necesitados.
El Papa Francisco, quien vivió con limitaciones físicas desde su juventud debido a una pleuresía que afectó su pulmón derecho y a una ciática crónica, mantuvo un espíritu fuerte y activo hasta los últimos años. Sin embargo, en 2023 su salud se deterioró notablemente, lo que lo obligó a recurrir a una silla de ruedas y a cancelar su participación en eventos importantes como la COP28 en Dubái.
A pesar de las dificultades físicas y de los desafíos internos en la Iglesia, el Papa Francisco demostró una fortaleza espiritual que lo convirtió en una de las figuras más influyentes del siglo XXI. Su legado perdurará en la memoria de los católicos y en el corazón de todos aquellos que vieron en él una voz de esperanza y compasión.
Ahora, el mundo se prepara para los actos protocolares que marcarán el final de una era, mientras los fieles se despiden de su «padre espiritual» y el Vaticano se prepara para elegir a su sucesor.