Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha consolidado un papel crucial durante la transición del presidente electo, Donald Trump, a pesar de no ocupar un cargo oficial. Su influencia ha sido tal que se le considera el ciudadano privado más poderoso de Estados Unidos. Musk, dueño de Tesla y SpaceX, ha sido una figura constante en las reuniones y entrevistas de trabajo del equipo de Trump, y ha forjado estrechos lazos con la familia Trump, logrando que algunos de sus amigos de Silicon Valley ocupen posiciones clave en la nueva administración.

El martes, Trump anunció que Musk liderará el recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental, cuyo objetivo será “desmantelar la burocracia gubernamental”. No obstante, el impacto de Musk en la transición va mucho más allá de este cargo. Según fuentes cercanas, su papel ha sido más significativo que el de otros líderes de la transición, como Howard Lutnick o Linda E. McMahon.

Musk ha adquirido una casi mítica relevancia en el círculo más íntimo de Trump, asistiendo a múltiples reuniones y comidas en Mar-a-Lago, la residencia del presidente electo en Florida. Aunque Musk ha realizado algunos viajes breves a su hogar en Austin, Texas, ha pasado la mayor parte de la última semana en la mansión, donde ha estado acompañando a Trump en diversas actividades, incluyendo recorridos por la tienda de regalos y tiempo en el campo de golf.

En redes sociales, Musk ha mostrado un apoyo incondicional a Trump, respaldando decisiones clave de la transición, como la designación de Rick Scott como líder de la mayoría del Senado y sugiriendo medidas para mejorar la eficiencia gubernamental. Además, Musk ha propuesto el cierre del Departamento de Educación y ha recomendado a varios de sus colegas para ocupar cargos en la administración.

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