Las últimas encuestas sobre las elecciones presidenciales muestran un empate técnico entre Donald Trump y Kamala Harris. Harris tiene un 48% de apoyo, mientras que Trump cuenta con un 46%, lo que implica una diferencia mínima dentro del margen de error, lo que dificulta sacar conclusiones definitivas.
Es importante señalar que estas encuestas reflejan la intención de voto, pero no son completamente fiables. En EE.UU., el ganador no se determina por el voto popular, como se evidenció en 2016, cuando Hillary Clinton obtuvo tres millones de votos más que Trump, pero perdió las elecciones.
El sistema electoral estadounidense utiliza un mecanismo de elección de segundo grado, donde los candidatos deben ganar en un número suficiente de estados para asegurar la victoria. Cada estado tiene un número asignado de votos electorales basado en su población; por ejemplo, California cuenta con 54 votos, mientras que Dakota del Norte y Vermont tienen solo 3.
Para ganar la presidencia, un candidato necesita un mínimo de 270 votos electorales de un total de 538. Actualmente, la competencia es intensa en los estados clave, donde las diferencias son mínimas. Los candidatos deberán intensificar sus esfuerzos para captar la mayoría de los votos en estos estados decisivos y lograr así la victoria en las elecciones.