La crisis alimentaria en Cuba se agudiza, afectando gravemente el abastecimiento de productos subsidiados. Linorka Montenegro, residente de La Habana, denuncia la escasez, indicando que el pan ha disminuido de 80 a 60 gramos y que productos básicos como el arroz, el aceite y el café son difíciles de conseguir. La isla necesita 3,000 toneladas de trigo mensuales, pero ha logrado adquirir solo 600 en septiembre, lo que ha llevado a la reducción de raciones. La ministra de Comercio Interior confirmó que el suministro de aceite y café será inexistente nuevamente este mes.

Los efectos de la crisis se sienten en toda la población, especialmente entre los ancianos que reciben porciones insuficientes. La inflación y la depreciación de la moneda han obligado a muchos a recurrir a tiendas privadas con precios elevados, mientras el salario promedio es de solo 42 dólares mensuales.

El canciller Bruno Rodríguez atribuye la crisis en gran parte al embargo estadounidense, aunque también reconoce las fallas del gobierno en el manejo de la distribución de alimentos. La situación ha llevado a un aumento de la desigualdad y ha creado un ambiente de desesperación entre los cubanos, quienes enfrentan una de las peores crisis desde la década de 1990. Rosalía Terrero resume el sentimiento general: «El cubano se mantiene bravo, porque hay quienes se van a la cama sin comer».

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