La designación del presidente saliente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, como ministro de la Presidencia y de Hacienda en la administración entrante de Laura Fernández ha provocado reacciones de sorpresa y cuestionamientos por parte de la oposición y sectores sindicales.
El anuncio, realizado previo a la toma de posesión del nuevo Gobierno, coloca a Chaves al frente de dos carteras clave del Ejecutivo. Diputados opositores advirtieron que la decisión podría tensar las relaciones entre el Gobierno y otros órganos del Estado, debido al historial confrontativo del mandatario durante su gestión.
El legislador José María Villalta señaló que el Ministerio de la Presidencia requiere capacidad de diálogo con los demás poderes, lo que —a su juicio— se vería afectado con este nombramiento. En la misma línea, la diputada Abril Gordienko expresó inquietud por la concentración de funciones en una sola figura.
Desde el sector sindical, Albino Vargas, de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), afirmó que la decisión refleja continuidad del poder político en manos del mandatario saliente.
Por su parte, Fernández defendió la integración de su gabinete y destacó la experiencia de Chaves, agradeciendo su incorporación al equipo de gobierno.
El hecho marca un precedente en la política reciente del país, al tratarse de la primera ocasión en que un presidente saliente asume un cargo ministerial en la administración que le sucede.