La Comisión de Bellas Artes de Estados Unidos dio luz verde a los planos del nuevo salón de baile que se proyecta construir en el Ala Este de la Casa Blanca, un paso clave para que avance la iniciativa promovida por el presidente Donald Trump.

La decisión fue adoptada en una reunión virtual en la que seis integrantes del organismo asesor federal votaron a favor del proyecto. El arquitecto James McCrery se abstuvo debido a un conflicto de interés, ya que participó en etapas preliminares del diseño antes de ser sustituido.

El mandatario celebró la aprobación en su red social Truth Social, destacando el respaldo mayoritario y señalando que se reconoció la estética y dimensión del nuevo edificio.

La firma Shalom Baranes, responsable actual del diseño, presentó versiones actualizadas del proyecto, que incluyen ajustes arquitectónicos como la eliminación de un frontón en la fachada sur y cambios en la altura del inmueble para evitar que eclipse la residencia histórica.

No obstante, la iniciativa ha generado controversia. Organizaciones dedicadas a la preservación patrimonial y expertos en historia han cuestionado la rapidez con que se iniciaron las obras en un espacio de alto valor simbólico, así como la falta de aprobación legislativa. El National Trust for Historic Preservation interpuso una demanda con el objetivo de detener la construcción, al considerar que podría infringir normas de protección histórica.

El presupuesto también ha sido objeto de debate. Aunque inicialmente se estimó en unos 200 millones de dólares, las modificaciones al diseño elevaron el costo aproximado a 400 millones. El nuevo salón estaría diseñado para albergar entre 650 y 1,000 invitados en recepciones oficiales y actos de Estado.

Con el aval de la comisión, el proyecto avanza en el plano administrativo, aunque aún enfrenta desafíos judiciales y críticas relacionadas con su impacto arquitectónico y patrimonial.

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