Con 50 votos a favor y 1 en contra, la Asamblea Legislativa aprobó recomendar al presidente de la República, Nayib Bukele, destituir al ministro de la Defensa por los hechos del 9 de febrero.
Ante la decisión, el mandatario salvadoreño dejó claro que no lo va a destituir. «Ni aunque tuvieran 84 votos, destituyera al miistro Merino Monroy. Pero es curioso que no llegaron ni a la mayoría calificada. Eso les pasa por ir tanto al baño», escribió Bukele en su redes sociales.
El pasado 21 de agosto, el ministro de la Defensa, Francis Merino Monroy, fue interpelado en la Asamblea Legislativa por la irrupción de militares y policías en la Asamblea Legislativa el 9 de febrero, en un evento que el presidente de la República convocó para presionar por la aprobación de $109 millones e incluso intentó
Durante 11 horas, Monroy se dedicó a repetir que lo ocurrido ese día solo se trató de un “procedimiento mayor de seguridad” del presidente y no fue una operación militar. Aseguró que él solo estaba en la Asamblea «supervisando la seguridad» y que todo el despliegue y el número de efectivos requeridos fue coordinado por el Estado Mayor Presidencial (EMP), la unidad militar a cargo de la seguridad del presidente.
Los diputados explicaron que la decisión se tomó porque se «violentó el estado de derecho de este país al hacer una invasión que no debería haberlo hecho».
La Asamblea informó que notificarán a la Fiscalía la posible comisión de delitos durante la militarización del Congreso y van a comunicar a la Organización de los Estados Americanos (OEA), a efecto de convocar al Consejo Permanente para realizar una “apreciación colectiva” de la situación del 9F. Además, enviarán una nota a la Organización de las Naciones Unidas(ONU), la CIDH, la OACNUDH, Cuerpo Diplomático y Congreso de EE.UU.
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El 9 de febrero ocurrió un hecho que muchos catalogan como «sin precedentes», pues soldados equipados con armas largas, cascos y chalecos antibalas se tomaron el Órgano legislativo desde antes que Nayib Bukele a pronunciar un discurso en las afueras del recinto Legislativo y después ingresar al Salón Azul.
El mandatario salvadoreño amenazó también con disolver el Congreso. Pero, tras asegurar que había «hablado con Dios» y que este le pidió «paciencia», dio un ultimátum de siete días a los diputados para autorizar la negociación de un préstamo de $109 millones, algo que al final no cumplió.
Las imágenes de ese suceso recorrieron el mundo, pues medios de varias partes del mundo lo publicaron y la comunidad internacional condenó el hecho.