El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, confirmó ante legisladores del Congreso que el presidente Donald Trump está dispuesto a adquirir Groenlandia, un vasto territorio autónomo de Dinamarca, y que sus asesores trabajan en un plan actualizado para lograrlo. La información fue divulgada por medios estadounidenses durante una sesión informativa con miembros de los principales comités de Política Exterior y de las Fuerzas Armadas.

Rubio no detalló cómo funcionaría la propuesta ni si ya hubo negociaciones formales con Copenhague, pero remarcó que el interés de Trump no es una broma y que el mandatario ha planteado esta posibilidad como una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos.

El interés por Groenlandia ha sido reiterado por Trump desde antes de su segundo mandato, argumentando que su ubicación estratégica en el Ártico es crucial para contrarrestar la influencia de potencias como China y Rusia. En este contexto, las discusiones para adquirir el territorio consideran opciones que van desde una compra pacífica hasta otras vías, aunque los detalles no han sido aclarados por la Administración.

La idea de la posible compra o transferencia de soberanía ha generado fuerte rechazo internacional. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, advirtió que un intento unilateral de control podría poner en riesgo la OTAN y afectar la seguridad colectiva de la alianza, enfatizando que Groenlandia “no está en venta” y que solo su pueblo y Dinamarca pueden decidir su futuro.

Líderes de países europeos como Francia, Alemania, Italia, España, Polonia y el Reino Unido también respaldaron la postura danesa, señalando que la seguridad en el Ártico debe lograrse “colectivamente y en respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas”, incluida la soberanía y la integridad territorial.

Groenlandia, con una población de alrededor de 57,000 habitantes en más de 2 millones de kilómetros cuadrados, depende en gran medida de la pesca y de subsidios de Dinamarca, que cubren aproximadamente la mitad de su presupuesto. El territorio posee además importantes recursos minerales y una ubicación geoestratégica clave para rutas aéreas y marítimas entre Norteamérica y Europa, motivo por el cual ha cobrado relevancia en la agenda de seguridad global.

La Administración Trump enfrenta ahora un amplio debate internacional y diplomático sobre su propuesta, que pone a prueba relaciones históricas con aliados europeos y plantea interrogantes sobre el respeto al derecho internacional y la autodeterminación de pueblos en el Ártico.

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