La ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Laura Sarabia, presentó su renuncia este jueves tras expresar profundas diferencias con el presidente Gustavo Petro, marcando una nueva fractura dentro del círculo más cercano del mandatario.

En una carta dirigida al jefe de Estado, Sarabia afirmó que no comparte «decisiones tomadas en los últimos días» que le impiden «acompañar» el proyecto de izquierda que lidera Petro, aunque no ofreció detalles específicos. Sin embargo, se conoce que el punto de quiebre fue el manejo del contrato para la emisión de pasaportes colombianos, una disputa que ya ha causado fricciones con anteriores cancilleres.

La ahora exministra defendía la extensión del contrato con la empresa privada Thomas Greg & Sons, que ha manejado tradicionalmente la fabricación y distribución de pasaportes, mientras que el Gobierno insiste en adjudicar esa función a la Imprenta Nacional, a pesar de los cuestionamientos sobre su capacidad operativa. Este conflicto ha sido señalado como el detonante de su salida, repitiendo un patrón que ha afectado a al menos tres cancilleres desde el inicio del gobierno.

“No se trata de diferencias menores ni de quién tiene la razón. Se trata de un rumbo que, con todo el afecto y respeto que le tengo, ya no me es posible ejecutar”, expresó Sarabia en su mensaje de despedida, difundido en redes sociales.

A sus 31 años y sin trayectoria política previa, Sarabia fue una pieza clave en la campaña presidencial de Petro y, tras la victoria, ascendió rápidamente en el Gobierno: fue jefa de gabinete, directora de Prosperidad Social y finalmente canciller. Su renuncia se suma a una larga lista de salidas en un gabinete marcado por crisis internas y choques con el presidente, como el consejo de ministros transmitido en vivo en febrero, donde Petro exigió la renuncia de todo su equipo.

La salida de Sarabia se da en un momento de alta tensión diplomática con Estados Unidos. Petro ha tenido enfrentamientos directos con el presidente Donald Trump por temas migratorios, una creciente guerra arancelaria y por un supuesto complot para derrocar al mandatario colombiano, en el que estaría implicado el ex canciller Álvaro Leyva.

Estados Unidos también observa con recelo la creciente cercanía de Colombia con China, particularmente tras su ingreso al proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda, lo que podría influir en la decisión sobre la renovación del estatus del país como aliado antidrogas.

Como canciller, Sarabia intentaba gestionar una relación tensa con Washington, en un contexto agravado por el récord histórico de narcocultivos en Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo.

Sarabia enfrenta, además, una investigación penal por presunto lavado de activos, enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir, casos abiertos por la Fiscalía General. Su trayectoria en el gobierno comenzó de la mano del actual ministro del Interior, Armando Benedetti —una figura también envuelta en escándalos por corrupción y violencia de género— de quien se distanció con el tiempo.

Su renuncia deja al gobierno de Petro nuevamente sin canciller en un momento clave de su política exterior y confirma la fragilidad interna de un gabinete marcado por fracturas, escándalos y decisiones controvertidas.

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