La ministra de Relaciones Exteriores de Bolivia, Celinda Sosa, expresó este jueves en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que las elecciones generales programadas para el 17 de agosto de 2025, coincidiendo con el Bicentenario de la independencia del país, enfrentan serios riesgos debido a la creciente violencia y las tensiones políticas internas. La ministra destacó que la situación actual pone en peligro la realización pacífica y soberana del proceso electoral.
En su intervención ante la OEA, Sosa explicó que Bolivia atraviesa un “momento difícil” debido a las recientes tensiones políticas, que incluyen bloqueos de carreteras organizados por seguidores del expresidente Evo Morales. A pesar de que Morales ya no es parte del Movimiento al Socialismo (MAS), sus partidarios intentaron imponer su candidatura a la presidencia mediante acciones de presión, a pesar de que él está legalmente impedido de postularse, tras un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que dictaminó que la reelección solo es válida una vez de forma continua.
Estos bloqueos, que duraron 15 días, provocaron una serie de enfrentamientos violentos entre manifestantes y las fuerzas del orden. En estos incidentes, murieron cuatro policías y dos civiles. Uno de los civiles falleció al manipular un explosivo y el otro fue linchado bajo la acusación de colaborar con las autoridades. El Gobierno de Luis Arce responsabilizó a Morales de incitar a la violencia, acusándolo de ocho delitos, entre ellos terrorismo e instigación a delinquir.
Sosa subrayó que esta violencia no solo pone en peligro la estabilidad política y la paz social, sino que también vulnera el derecho del pueblo boliviano a ejercer su voto libre y directo. En su discurso, la canciller reiteró el compromiso del Gobierno de garantizar unas elecciones pacíficas y democráticas, y pidió a la OEA que envíe una misión de observación electoral para asegurar que se respete la voluntad popular durante el proceso.
Este tipo de advertencias se producen en un contexto delicado para Bolivia, que no olvida los eventos de 2019, cuando Morales renunció en medio de denuncias de fraude electoral tras las elecciones presidenciales de ese año. La OEA había emitido un informe sobre irregularidades en los comicios, lo que desató una serie de protestas y una crisis política que culminó con la salida de Morales del poder.
Además de alertar sobre la situación interna, la ministra Sosa aprovechó su intervención para abordar otros temas internacionales importantes para Bolivia. En particular, reiteró el “histórico y firme reclamo” de Bolivia por el fin del embargo económico de Estados Unidos contra Cuba, algo que ha sido una constante en la política exterior boliviana.
Sosa también se refirió a la situación de Palestina, pidiendo justicia para el pueblo palestino y un respeto a su derecho a vivir en paz. Asimismo, renovó el reclamo de Bolivia por un acceso soberano al océano Pacífico, territorio que perdió ante Chile en la Guerra del Pacífico en el siglo XIX. La canciller boliviana instó a la comunidad internacional a buscar una “solución definitiva” para este conflicto que sigue siendo un tema central en la política exterior boliviana.
El mensaje de la ministra de Relaciones Exteriores de Bolivia ante la OEA reflejó tanto la preocupación por los desafíos internos del país como el llamado a la paz y la democracia. A pesar de las tensiones y los riesgos de violencia, Sosa reafirmó el compromiso de su Gobierno de garantizar que las elecciones de 2025 sean libres, justas y pacíficas, y solicitó el apoyo de la comunidad internacional para asegurar la estabilidad política en Bolivia.
El próximo ciclo electoral será crucial para el país sudamericano, y la situación en torno a las elecciones generales podría definir el futuro político y social de Bolivia.