El costo de cosechar un quintal de maíz en El Salvador alcanza los $15, mientras que importarlo desde Estados Unidos ronda los $11, según datos de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (Campo). Esta diferencia de precios ha incrementado la dependencia del país en granos básicos provenientes del extranjero, a pesar de que su calidad puede ser inferior, advierte el sector.
Luis Treminio, presidente de Campo, explicó que el maíz importado suele tener hasta cuatro años almacenado en otros países antes de llegar al país, lo que compromete su frescura y valor nutricional. “Cuando consumimos maíz proveniente de EE. UU. u otro país, consumimos el bagazo”, subrayó. Además, señaló que estos productos importados suelen recibir tratamientos más intensivos con agroquímicos en comparación con la cosecha nacional.
La situación preocupa a los productores, ya que la producción local no ha logrado cubrir la demanda interna. Según la gremial, El Salvador necesita cada año 25 millones de quintales de granos básicos, de los cuales 7.8 millones corresponden al maíz para 2025. Sin embargo, el incremento en importaciones ha sido notable. De acuerdo con cifras del Banco Central de Reserva (BCR), entre 2023 y 2024, las importaciones de arroz crecieron un 101.6 %, mientras que las de maíz aumentaron un 0.6 %.
Déficit de frijol persistirá en 2025
Además del maíz, el frijol es otro cultivo que enfrenta problemas de abastecimiento. Campo estima que se necesitan 2.4 millones de quintales de frijol anualmente, pero para el ciclo 2024-2025 solo se cosecharon aproximadamente 1.3 millones. Esto implica que el país deberá importar más de un millón de quintales para cubrir el consumo nacional, una tendencia que ya ha venido alertando la gremial desde el año pasado.
Treminio afirmó que, si bien han sugerido al Gobierno impulsar la siembra al cierre del invierno —la cosecha conocida como “apante”—, la recomendación no ha sido suficientemente considerada. “Si el gobierno pudiera entregar paquetes de frijoles sería excelente, porque saldría en agosto y septiembre y desde ahí se pudiera compensar el déficit que tenemos”, sostuvo.
Los productores confían en que las condiciones climáticas del invierno 2025-2026 sean favorables y permitan mejorar los niveles de producción para reducir la dependencia de las importaciones. También insisten en que continuar como país importador implica riesgos adicionales, como la volatilidad de precios internacionales o eventuales barreras comerciales que podrían dejar al país sin acceso oportuno a los alimentos básicos.