Durante la séptima congregación general de cardenales, celebrada este miércoles en el Vaticano, 181 purpurados —de los cuales 124 son electores— debatieron ampliamente sobre la delicada situación económica de la Santa Sede, que será uno de los principales desafíos para el próximo papa.
Entre los ponentes estuvieron figuras clave como el cardenal Reinhard Marx, coordinador del Consejo para la Economía; el cardenal Kevin Farrell, responsable del Comité de Inversiones; y Christoph Schoenborn, a cargo de la supervisión del IOR (Instituto para las Obras de Religión, conocido como el banco vaticano). Todos destacaron la urgencia de seguir con las reformas financieras iniciadas por Francisco y profundizar en la transparencia, la austeridad y la gestión responsable del gasto.
Uno de los puntos críticos mencionados fue el déficit operativo de la Santa Sede, que alcanzó los 83 millones de euros en 2023. A esto se suma una caída sostenida en las donaciones de los fieles y de las iglesias más ricas, lo que amenaza la viabilidad de muchas obras y estructuras vaticanas.
Además, se mencionaron otros temas de fondo como la creciente polarización dentro de la Iglesia, la necesidad de unidad y el papel del Pueblo de Dios, en lo que fue una sesión de doble enfoque: económico y pastoral.