El actual entorno de incertidumbre sobre la duración y el control del covid-19, así como las expectativas macroeconómicas mundiales y de los principales socios comerciales que denotan una contracción del crecimiento durante el 2020, constituyen los principales factores explicativos de la proyección a la baja en el crecimiento económico de El Salvador en un rango estimado entre -6.5% a -8.5%, así ha advertido el Banco Central de Reserva (BCR) en su última proyección publicado el martes.
“La pandemia en curso, además de los daños sobre la salud humana, también está generando un grave deterioro en las condiciones macroeconómicas del país, induciendo reducciones en los niveles de producción e ingreso, y por lo tanto, en los gastos de consumo, inversión y las capacidades de exportación e importación de las empresas, factores que reducen el bienestar poblacional. Como agravante, las tormentas Amanda y Cristóbal, además del deterioro en vidas e infraestructura física, contribuyeron a la generación de expectativas alcistas en los precios de los alimentos, que superan los efectos positivos de la reducción de precios de petróleo registrado en el primer trimestre”, señala el Banco en su informe.
El BCR considera que las proyecciones podrían empeorar porque están sujetas a riesgos como rebrotes locales y/o externos del coronavirus, que podrían paralizar nuevamente la ejecución de actividades económicas.
También, son relevantes las necesidades de acuerdos políticos internos que promuevan la obtención de financiamiento externo en condiciones favorables.
Así comenzó la caída
De acuerdo con estimaciones del BCR, el Producto Interno Bruto reflejó en el primer trimestre un crecimiento anual de 0.8%, período donde el impacto del confinamiento se registró desde la segunda quincena de marzo. Dicho crecimiento se debió principalmente al dinamismo del sector financiero (10.5%), construcción (4.0%) y el comercio y reparación de vehículos (2.0%). Las actividades que mostraron disminución han sido las que principalmente se han visto afectadas por las medidas de prevención del COVID-19, tales como la industria, actividades profesionales, alojamiento y comidas, y transporte, entre otras.
La contracción económica amplió el déficit fiscal, afectado por los menores niveles de recaudación tributaria y exasperada por los mayores gastos gubernamentales para combatir la propagación y los efectos de la pandemia en el área de salud pública y sus efectos adversos.
La reducción en la capacidad de producción y en la demanda externa generaron una caída de 23.6% en el crecimiento de las exportaciones de bienes acumulada al mes de mayo. Asociado a dicho desempeño, las importaciones de bienes decrecieron en 18%, afectadas también por la reducción importante en los precios del petróleo.
La inflación anual a mayo de 2020 ronda un decrecimiento de 1%, favorecido por los precios del petróleo, pero afectado al alza por el crecimiento de los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas (2.3%).
La pandemia también afecta a países donde residen los familiares de los salvadoreños, lo cual generó una reducción importante en los envíos de remesas familiares hacia El Salvador, las que a mayo disminuyeron en 11.6%.
El escenario que advierte el BCR es más negativo que el pronosticado por organismos internacionales. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han señalado que la economía salvadoreña podría sufrir una recesión de -5.4%, mientras que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé un desplome de -3%.
