Cuba enfrenta una severa crisis energética, evidenciada por un apagón que duró cuatro días, resaltando su dependencia de los combustibles fósiles para la producción de electricidad. Según la ONG Environmental Defense Fund (EDF), en 2022, el 95% de la electricidad provino de combustibles fósiles, con solo un 5% de fuentes renovables, cifras que apenas han cambiado desde 2014.

A pesar de establecer un objetivo de alcanzar el 24% de energía renovable para 2030, el país ha encontrado obstáculos significativos debido a infraestructura obsoleta, una prolongada crisis económica y desinversiones en el sector energético. La inversión en turismo ha desviado recursos, con solo un 9,4% de la inversión total destinada a electricidad, gas y agua.

La situación se ha agravado por el envejecimiento de las centrales termoeléctricas y la disminución de las importaciones de petróleo desde Venezuela. Como resultado, Cuba se encuentra en una situación precaria, con el 48% de los combustibles fósiles importados para su generación eléctrica.

El gobierno cubano alega que el embargo estadounidense y la falta de divisas complican aún más la situación. A pesar de estos desafíos, se están firmando convenios con Vietnam, China y la Unión Europea para incrementar la capacidad eléctrica en los próximos años. Cuba también está implementando proyectos de energía renovable, con la instalación de un millón de paneles solares y planes para más.

Expertos advierten que enfrentar estos retos requerirá inversiones significativas, complicadas por los riesgos asociados a la inversión en la isla. La necesidad de una transición energética hacia fuentes renovables se vuelve más urgente ante el creciente descontento social por cortes de luz prolongados.

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