Por: Cesar Ríos

Director de Asociación Agenda Migrante El Salvador (AAMES)

En la última década, los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) han sido el epicentro de profundas crisis socioeconómicas y políticas que han incrementado la migración irregular hacia los Estados Unidos. Sin embargo, la respuesta a estos desafíos ha sido desigual entre los tres países, reflejando realidades nacionales muy diferentes.

Mientras El Salvador ha mostrado avances significativos en el control de la delincuencia gracias a estrategias de seguridad y políticas de mano dura, Honduras continúa enfrentando una situación de criminalidad desbordada, con elevados índices de violencia, narcotráfico y pandillas. Guatemala, por su parte, enfrenta una crisis política interna que ha debilitado sus instituciones democráticas y su capacidad para gestionar los problemas migratorios, y todo esto ha frenado su avance en otros frentes cruciales.

Ante este panorama, Estados Unidos ha optado por abordar la migración de manera bilateral, negociando acuerdos individualmente con cada país del Triángulo Norte. Si bien esta estrategia puede generar beneficios inmediatos para algunos países, debilita el impacto colectivo en la negociación y no ataca de manera coordinada las causas estructurales de la migración irregular, que afectan a toda la región.

La necesidad de una propuesta conjunta:

Es imperativo que los países del Triángulo Norte, con el apoyo de los organismos regionales, adopten una postura unificada para incidir en las negociaciones con la nueva administración de Estados Unidos, independientemente de si es republicana o demócrata. La migración irregular es un problema regional y debe ser abordado como tal. Aquí es donde la cooperación de organismos como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), la Conferencia Regional sobre Migración (CRM), y el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) cobra relevancia.

El rol de los organismos regionales:

El SICA, por ejemplo, ha sido fundamental en la promoción del desarrollo económico y la estabilidad política en la región, pero su impacto podría ser mucho mayor si los países miembros alinearan sus prioridades para una estrategia migratoria conjunta. En la misma línea, la Conferencia Regional sobre Migración (CRM) ha sido un foro clave para la discusión de temas migratorios, pero sus resoluciones necesitan ser más vinculantes y contar con una mayor voluntad política por parte de los gobiernos.

Unificar las propuestas para EE. UU. permitiría a los países centroamericanos negociar en mejores términos, presentando una agenda común que aborde los factores estructurales que alimentan la migración irregular, tales como la pobreza, la desigualdad y la falta de empleo digno. En lugar de acuerdos bilaterales que buscan solamente reducir la migración a corto plazo, una propuesta conjunta podría generar proyectos de largo plazo que integren desarrollo económico, cooperación en seguridad y migración laboral ordenada.

Desarrollo de capacidades y propuestas a largo plazo:

Es esencial que los organismos regionales apoyen el desarrollo de capacidades y la creación de propuestas conjuntas que sean sostenibles. Estas propuestas deben enfocarse en generar oportunidades económicas en la región, atraer inversión extranjera directa, y mejorar la gobernanza local para reducir la necesidad de migrar. Además, deben fortalecer los mecanismos de migración laboral regular, promoviendo acuerdos con Estados Unidos que faciliten programas de trabajadores temporales y ofrezcan una alternativa a la migración irregular.

Al negociar como un bloque, el Triángulo Norte podría evitar la fragmentación y aprovechar mejor las oportunidades de cooperación internacional. Las negociaciones bilaterales, al debilitar a los países en solitario, resaltan su falta de fuerza frente a EE. UU. en el contexto global, lo que hace que los acuerdos sean menos equitativos y menos sostenibles en el largo plazo.

Y entonces…

La migración irregular desde el Triángulo Norte no se resolverá únicamente con medidas de seguridad fronteriza o acuerdos de tercer país seguro. Es necesaria una estrategia regional que aborde las causas profundas de la migración y que posicione a Centroamérica como un socio capaz y confiable en las negociaciones con la nueva administración de Estados Unidos. El Triángulo Norte debe hablar con una sola voz, apoyado por sus organismos regionales, para lograr acuerdos más justos y sostenibles que beneficien a toda la región.

Con políticas internas robustas y un frente común en la escena internacional, es posible construir un futuro más próspero y estable para los países del Triángulo Norte y sus ciudadanos.

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