En una reciente entrevista, el expresidente y candidato republicano Donald Trump lanzó declaraciones controversiales sobre la migración, afirmando que «tenemos muchos malos genes en nuestro país» y acusando a los migrantes de «envenenar la sangre» estadounidense.

Durante su aparición en el programa de radio The Hugh Hewitt Show, Trump arremetió contra la vicepresidenta Kamala Harris, responsabilizándola de permitir la entrada de “asesinos” a Estados Unidos. Afirmó que entre los migrantes hay más de 13,000 individuos condenados por homicidio.

Trump citó cifras proporcionadas por el congresista republicano Tony Gonzales, que indican que 425,000 migrantes con antecedentes penales viven actualmente en libertad en el país. Sin embargo, el Departamento de Seguridad Interior aclara que muchos de estos datos son de hace décadas y que algunos de los involucrados han estado en Estados Unidos durante los últimos 40 años.

«Un asesino, yo lo creo, está en sus genes», afirmó Trump, quien también amenazó con llevar a cabo deportaciones masivas si es elegido nuevamente. Estas declaraciones han sido fuertemente criticadas por la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, quien calificó su lenguaje de «odioso y repugnante».

Desde el inicio de su campaña, Trump ha intensificado su retórica anti-migrante, advirtiendo que los migrantes «están matando a nuestro país» y han acuñado el término «crimen migrante». En sus mítines, ha llegado a comparar a los migrantes con personajes ficticios como Hannibal Lecter.

A pesar de estas afirmaciones, los datos indican que los cruces de migrantes por la frontera con México han disminuido, con 107,503 interceptaciones en agosto, en comparación con más de 300,000 en diciembre.

Mientras tanto, Kamala Harris, quien se encuentra en una competencia reñida con Trump en las encuestas, ha acusado al expresidente de haber boicoteado un proyecto de ley bipartidista que habría restringido el flujo migratorio y aumentado la presencia de agentes fronterizos.

Las declaraciones de Trump reflejan una estrategia electoral centrada en el miedo y la polarización en torno a la migración, un tema que sigue siendo crítico en el debate político estadounidense a medida que se acercan las elecciones presidenciales del 5 de noviembre.

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