En el primer debate presidencial, la vicepresidenta Kamala Harris se preparó meticulosamente, usando comentarios incisivos para desafiar al expresidente Donald Trump. Le acusó de ser ridiculizado por líderes mundiales y le llamó «débil» y «equivocado», recordándole que 81 millones de votantes eligieron a Joe Biden en 2020. Trump, por su parte, mostró un comportamiento errático, repitiendo mentiras sobre fraude electoral y teorías conspirativas, incluyendo afirmaciones infundadas sobre inmigrantes comiéndose mascotas.
Harris destacó la falta de propuestas concretas de Trump y su egocentrismo, contrastando su visión económica de apoyo a la clase media con los recortes fiscales a grandes corporaciones que, según ella, ha promovido Trump. Además, se destacó la postura firme de Harris en temas clave como el aborto, en contraste con los intentos de Trump de moderar su postura sobre el tema.
El debate también incluyó un intercambio sobre política exterior. Harris abogó por una solución de dos Estados para Gaza y criticó la afinidad de Trump con dictadores. Trump, por su parte, insistió en que habría manejado mejor los conflictos internacionales y criticó la gestión de Biden en la retirada de Afganistán.
El debate finalizó con una señal de cordialidad inusual: Harris y Trump se dieron la mano, marcando el primer apretón de manos en un debate presidencial desde 2016.