En Turquía, el número de muertos se elevó a 3,419 confirmados y 20,534 personas heridas, declaró el vicepresidente Fuat Oktay.

En Siria, al menos 1,602 personas fallecieron y 3,640 resultaron heridas, según los balances de las autoridades de Damasco y de los equipos de rescate de las zonas rebeldes.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, decretó el estado de emergencia por un periodo de tres meses en las diez provincias del sureste azotadas por el sismo.

En base a los mapas de la zona afectada, una responsable de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Adelheid Marschang, indicó que «23 millones de personas están expuestas» a las consecuencias del terremoto, «incluyendo cinco millones de personas vulnerables».

Los socorristas continuaron la dramática búsqueda de supervivientes, desafiando el frío, la lluvia o la nieve y el riesgo de nuevos derrumbes.

En Jindires, una localidad siria en la frontera con Turquía, una recién nacida, todavía con el cordón umbilical unido a su madre fallecida, fue hallada viva entre los cascotes de un edificio.

En Hatay, en el sur de Turquía, rescataron con vida a una niña de 7 años que había quedado bloqueada bajo una montaña de escombros.

Además, el futbolista ghanés Christian Atsu, exjugador del Málaga y del Chelsea y que fichó en septiembre por el Hatayspor, fue encontrado vivo entre las restos de un inmueble.

Según declaraciones del presidente de Turquía, más de 40 países han ofrecido ayuda, como Estados Unidos, China y El Salvador, además de la OTAN y Naciones Unidas.

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