Hola, pequeño… vengo a buscarte desde el futuro, desde un tiempo que nunca imaginaste alcanzar.

Quiero decirte algo primero: lo logramos.

¿Recuerdas cuando soñabas con tener dinero para tus juguetes? Hoy lo tenemos. Podemos comprar esos zapatos que tanto deseabas… aunque ya no somos la misma talla. Podemos comprarnos el celular que tanto querías, aunque ya pasó de moda, y aun así tenemos uno mejor. No porque sea más caro, sino porque llegó en el momento correcto.

Tu sueño más grande era ayudar a mamá. Quiero que sepas que lo hicimos. No exactamente como lo imaginabas, pero hoy ella vive tranquila, feliz, sin esas preocupaciones que nos quitaban el sueño. Sigue siendo la misma enojona de siempre —eso no cambió— y sigue pidiéndole a Dios todos los días que nos vaya bien en la vida. Solo que ahora lo hace con paz… y con orgullo.

¿Te acuerdas que jugabas a dar las noticias?
¡Lo cumplimos! Somos profesionales. Y estoy a punto de terminar una nueva carrera.

Este 2025 fue duro, pequeño. Peleamos con muchas adversidades. Nos enfermamos de gravedad, pero nada fue más difícil que todo lo que sobrevivimos en la infancia. Hoy tenemos un techo propio. Hoy compramos los zapatos que queremos. Hoy, en Navidad, hay cena en familia.

Nuestra vida —que es la misma— cambió. Y daría todo por volver atrás solo para abrazarte y darte un poco de lo que hoy tengo, de lo que tú no tuviste.

¿Recuerdas a nuestro hermano, al que cuidábamos desde pequeño? Ya es todo un hombre. Aquel que jugaba con carritos regalados… hoy tiene ingresos propios, tiene su tractor, tiene tierras donde siembra.

Nuestra hermana, la que sufrió y nos cuidó durante tantos años, también es feliz, se casó con un buen hombre. Nos regaló dos angelitos que llenan la familia de luz.

Recuerdo cada Navidad en la que deseabas tener lo mismo que otros niños. Algunas veces, con mucho esfuerzo, estrenábamos algo. Hoy todo es diferente.
Pero lo más lindo es que no nos avergonzamos de dónde venimos. Aprendimos a esperar en Dios… y Él respondió de una manera increíble.

Ay, mi niño del pasado… ya hasta nos subimos a un avión.

Quisiera abrazarte en ese colchón con los resortes salidos, cuando llorabas cada noche. ¿Te acuerdas? Cuando nos abrazábamos a mamá y le decíamos que no se preocupara, que un día no estaríamos así. Hoy lo recordamos y solo podemos dar gracias a Dios.

¡Gracias por ser fuerte!
¡Gracias por enseñarme a resistir!
Aunque no jugamos como otros niños, porque estábamos pendientes de la casa, también nos divertimos… y ahora disfrutamos cada logro, cada paso, cada victoria.

Te cuento algo más: en 2026 vienen nuevos proyectos. Estoy feliz. Todo llegó a su tiempo. No imaginas todo lo que hemos hecho. Y cada vez que logro algo que una vez deseamos, lloro… y te agradezco.
Porque fuimos fuertes.
Porque las burlas no nos detuvieron.

Mamá decía: “sos loquito, mi niño”.
Hoy ya no lo dice con fe.
Hoy lo dice con orgullo y gratitud.

Descansa, pequeño.
Yo sigo caminando por los dos.
Y te llevo conmigo, siempre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *